Hoy la tensión entre Colombia y Ecuador no solo se quedó en aranceles al comercio: se metió en el corazón de la economía energética.
El Gobierno ecuatoriano, en respuesta a decisiones del lado colombiano como la suspensión de la venta de energía y la imposición de aranceles del 30 %, decidió incrementar la tarifa que le cobra a Colombia por transportar su crudo por oleoducto en un 900 %.
Antes, cada barril de crudo que pasaba por el Sistema de Oleoducto Transecuatoriano (SOTE) costaba US$3 para las petroleras colombianas. Hoy, ese mismo transporte cuesta US$30 por barril. La ministra de Ambiente y Energía de Ecuador lo explicó como una medida de reciprocidad y también como una actualización técnica de costos, pero el contexto es claro: se trata de una respuesta fuerte a una escalada comercial entre ambos países.
Este movimiento no se ve todos los días: un aumento del 900 % en una tarifa industrial estratégica cambia las reglas del juego para el petróleo colombiano que se exporta a través de rutas ecuatorianas y presiona a Ecopetrol y a otras compañías a evaluar alternativas o negociar nuevas condiciones.
La disputa, que comenzó con aranceles al comercio, ahora se traslada al sector energético y petrolero, con posibles consecuencias para los precios, las inversiones y las relaciones diplomáticas entre los dos países vecinos.